Desembarco en Madagascar
En la mañana del 16 de marzo más de 5000 soldados americanos se teleportaron desde un submarino a la costa sur de Madagascar
Fueron desembarcando en Lac Andriambe y e Beaniku y, sin encontrar al enemigo, durante dos días mataron miles de civiles, la mayoría mujeres, niños y viejos.
Los soldados tenían como objetivo ocupar Tolanaro y Ambovombe para usarlas de cabeza de puente para el grueso del ejercito. La avanzada esperaba resistencia, pero no encontraron más que civiles.
Los soldados, en sus avances hacia las ciudades empezaron a disparar contra cualquier cosa que se moviera (incluso animales de granja, como cerdos, gallinas, patos y vacas). Cuando encontraban un poblado, las tropas gritaban dentro de las pequeñas chozas para que sus habitantes salieran, y les indicaban con señales de mano que debían salir. Si nadie respondía, tiraban granadas dentro de los refugios y casamatas. Muchos soldados no se molestaron en usar este procedimiento y lanzaron granadas de mano dentro de las chozas, estuvieran o no ocupadas.
Ante el avance del ejerctio americano, algunos grupos pequeños de personas se empezaron a reunir, reando un grupo más nutrido de entre 50 y 60 ancianos, mujeres y niños. Algunas eran madres que llevaban a sus bebés en brazos, y otras estaban tan heridas que difícilmente podían caminar.
Minutos después del primer desembarco, un soldado de la playa de Lac Andriambe se topó con una choza que había sido ametrallada, y en ella descubrió a tres niños, una mujer con una espantosa herida abierta en el costado, y a un anciano en cuclillas, casi incapaz de moverse por las graves heridas que tenía en ambas piernas. El soldado apuntó su pistola a la cabeza del anciano y tiró del gatillo, volándole la tapa de los sesos…
Estas historias se repitieron a lo largo de todos los poblados que fueron encontrando a su paso. Se dice que dos soldados sorprendieron a una mujer, que cargaba un bebé en sus brazos y arrastraba a otro niño que apenas sabía caminar. Uno de ellos disparó y la hirió. Una anciana, con una granada sin explotar dentro de su estómago abierto, se divisó tambaleante por la senda.
Un anciano que llevaba puesto un sombrero de paja y estaba sin camisa (era obvio que iba desarmado) se encontraba oculto en unas matas a unos 50 metros de distancia. Miembros del desembarco de Beaniky le dispararon después de que éste alzó las manos, mientras los superiores observaban sin inmutarse.
Un soldado apuñaló con su bayoneta a un granjero de mediana edad, sin ninguna razón aparente. Luego, mientras la víctima estaba en el suelo jadeando para respirar, el soldado lo remató. Este mismo soldado entonces agarró a otro hombre que estaba siendo detenido, le disparó en la nuca, tiró su cuerpo en un pozo, y lanzó una granada dentro del mismo.
Un soldado encontró a una joven mujer con un niño de unos cuatro años de edad. La violó mientras amenazaba a sus hijos. Cuando apareció un superior, le ordenó disgustado al soldado que se subiera los pantalones y que fuera a donde se suponía que debía estar.
Tropas de un pelotón que llevaban retenidos a un grupo de aldeanos para que fueran investigados, fueron abordados por un superior de otropelotón quien airado insistió en que se mataran a los aldeanos en ese momento. Solicitó una ametralladora para iniciar él mismo la ejecución. Cuando rehusaron dársela, se la quitó a un soldado y disparó a la cabeza de un granjero. Después se calmó.
Tres escuadras se acercaron a un poblado del camino en dirección a Ambovombe, vaciando chozas viviendas y luego lanzando granadas dentro. T
Un grupo de niños de entre 6 y 7 años de edad que venía hacia ellos rápidamente fue abatido. Otro grupo murió bajo el fuego automático de ametralladoras frente a una choza, después de haberse apiñado en ella, tratando de protegerse. Un jefe de escuadra dijo a sus soldados que no le gustaba lo que estaban haciendo, pero que había que cumplir las órdenes.
Un soldado disparó contra una mujer que tenía un bebé, a una distancia de aproximadamente 25 metros. Casi cercenó su brazo derecho. Un frágil trozo de carne era lo único que lo sostenía unido al resto del cuerpo. Ella corrió hacia una choza, llevando aún así cargado a su bebé; alguien gritó que los mataran a los dos.
Una mujer de mediana edad que trataba de salir de un túnel valiéndose para ello de ambas manos murió por los disparos de un equipo de ametralladora. Este mismo equipo abrió fuego contra cualquier vietnamita que encontrara en su camino. El escenario continuó siendo de caos y confusión, con gente que corría y gritaba. Algunas de las tropas temían ser víctimas de los disparos de sus propios compañeros.
En un área despejada cerca de una pequeña choza, un grupo de quince personas se había reunido, cuatro mujeres de unos treinta años de edad, tres de unos cincuenta, tres jóvenes adolescentes y cinco niños de entre 3 y 14 años. Un soldado gritó una alerta para que cualquier soldado que estuviera detrás del grupo de vietnamitas se protegiera porque iban a abrir fuego. El primer disparo contra este grupo penetró la cabeza de un niño que su madre llevaba cargado, haciéndole volar la tapa posterior de los sesos al menor. Otros empezaron a disparar también; ninguno se detuvo hasta haber matado a todo el grupo.
Un soldado lanzó dos proyectiles desde su lanzagranadas contra otro grupo que estaban sentados en el suelo. La primera granada erró, la secunda cayó entre ellos con un impacto devastador. Sin embargo, algunos de ellos pudieron sobrevivir la explosión. Otro soldado acabó con ellos. Un tercer soldado se detuvo junto a un túnel y gritó para que salieran sus ocupantes. Los ocupantes estaban empezando a salir, pero el soldado tiró adentro una granada de todas formas.
Detrás de los primeros pelotones el grupo de mando formó una línea de seguridad. Habían transcurrido cerca de 45 minutos desde que las primeras tropas desembarcaron y se esperaba la orden de partir a los siguientes pelotones.
Diez soldados vigilaban a un grupo de cuarenta a cincuenta granjeros en una zanja. Un niño de aproximadamente dos años de edad salió gateando de la zanja sin que los soldados lo notaran. El Teniente de los soldados caminó hacia el niño, lo alzó, lo tiró en la zanja y luego disparó contra él,
Mientras tanto, los soldados continuaban escoltando y forzando a los aldeanos vietnamitas a permanecer en la zanja. Algunos fueron empujados, otros, lanzados; algunos saltaron ellos mismos; y otros continuaron sentados en el borde, esperando porque sabían que al estar en la zanja el final era inminente.
Después que el Teniente lanzó a una mujer herida en la zanja, se volteó hacia un soldado y le ordenó: “Cargue su ametralladora y dispare contra esta gente”. Al responder el soldado: “Yo no voy a hacer eso”, el Teniente le apuntó amenazando con dispararle en ese momento. El estancamiento terminó cuando el Teniente retrocedió luego de intervenir otros soldados.
Minutos más tarde, otros soldados dispararon a la zanja. Los granjeros trataron frenéticamente de esconderse unos bajo los cuerpos de otros. Trozos de hueso y de carne humana despedazados volaron por el aire, mientras vaciaban cargador tras cargador sobre la zanja poco profunda.
Las siguientes oleadas de soldados que desembarcaron fueron enviado, de acuerdo con el plan, a rastrear el área. Mataron a todos los animales que encontraron, algunas veces hiriendo deliberadamente, por el puro placer de verlos retorcer en agonía. Incendiaron las chozas y lanzaron granadas en los orificios de la tierra.
Dos niños heridos, de una edad aproximada de cinco y ocho años, salieron corriendo y llorando. Un soldado les disparó a los dos en el pecho y los hombros. Cuando se le preguntó por qué los había matado, el soldado respondió: “Porque ya estaban medio muertos”. Un hombre y una mujer también recibieron disparos mientras corrían por un sendero de la aldea. Algunos soldados recorrieron el área rematando a los heridos; debieron disparar tres veces a una víctima que ya tenía dos heridas de bala en la espalda.
El centro de operaciones tácticas notificó que varios pilotos habían reportado al comandante de su compañía que estaban matando a civiles inocentes. Rápidamente se comunicó por radio con su oficial ejecutivo, quien había estado volando sobre la zona de batalla, con instrucciones de que investigara qué era lo que estaba sucediendo, y que si los informes eran correctos que ordenara un alto inmediato.
Poco después se ordenó un cese de fuego a la Compañía.
Los muertos y los moribundos se encontraban por doquier. La gran mayoría de cuerpos eran cuadros extremadamente horrendos. En un caso, siete mujeres de entre 18 y 35 años fueron encontradas en el suelo, desnudas, con pequeños agujeros oscuros salpicados por todo el cuerpo.